Utilizo habitualmente dos coches con rueda de repuesto y otro sin (el Volvo). Ni me acordaba de la última vez que tuve un pinchazo, pero el otro día me tocó con uno de los que tienen rueda de repuesto. Resultó ser un clavo incrustado y lo detecté porque noté un comportamiento extraño, paré en una gasolinera próxima y ví que la rueda estaba muy baja (1kg de presión). Bastó con un rehinchado y comprobación de que no había pérdidas galopantes para el traslado al taller de reparación más próximo, con lo que la rueda de repuesto se quedó en su ubicación habitual (efectivamente la presión de la misma, que comprobé y actualicé ya de paso, estaba por los suelos por falta de atención y uso los últimos ¿10 años?).
Si se hubiese tratado de un reventón o algo que no hubiese podido resolver con el rehinchado (o el kit de reparación), o me hubiese obligado a parar inmediatamente en el arcén, dudo mucho que la mejor idea hubiese sido ponerse a elevar el coche con el gato y cambiar la rueda, en medio del tráfico, frente al aviso al servicio de asistencia en carretera, mucho menos arriesgado y más cómodo y eficaz.
Mi conclusión personal, por lo tanto, es que, salvo casos de incursiones campestres lejos de la civilización, que no suelo hacer, la rueda de repuesto no la echo de menos para nada y me parece un extra perfectamente prescindible.