En épocas de transición, poner plazos puede ayudar a señalar objetivos y preparar esos cambios con suficiente antelación, pero poner fecha de caducidad a tecnologías actuales sin que estén maduras las que han de sustituirlas y sus infraestructuras asociadas, equivale a empezar la casa por el tejado. Pretender que los cambios se hagan por real decreto y no por convicción y conveniencia de los usuarios (con políticas y medidas concretas, estables y claras de incentivación y ayudas para motivar esos cambios) resulta ilusorio y supone poco más que un brindis al sol.
Mientras el panorama se clarifica, utilizar el sentido común no está de más y dentro de la oferta actual hay opciones adaptadas a distintas necesidades, en las que los motores de combustión siguen teniendo, a mi juicio, mucho que ofrecer.
En casa acaba de entrar un V90 CC D4 porque esa mecánica me parece mejor adaptada a este tipo de coche que una de gasolina equivalente, resulta claramente más económica en consumos (en torno a un 30% según cifras de homologación de ambas) y recibe, según homologación, la misma calificación ambiental (y etiqueta DGT). Para un uso eminentemente viajero, con alguna incursión campera, y unos 30k kms al año, me sigue pareciendo la mejor alternativa, aunque será también cuestión de gustos y preferencias personales elegir una opción u otra..
Por la misma razón, para un uso eminentemente urbano y periurbano, la opción idónea hubiera sido (y lo será cuando toque renovar lo que ahora tenemos) muy diferente; probablemente y en nuestro caso un coche eléctrico, no muy grande ni pesado, con cierta capacidad de equipaje, que permita transportar a más de una persona y que, podamos recargar por la noche en casa cuando toque, pongamos una vez por semana (entre 30 y 60 km diarios de lunes a viernes); podría ser un ioniq o similar.
Los coches eléctricos (o híbridos) enchufables no me parecen al día de hoy una opción madura ni económica para un uso eminentemente viajero, por tiempo y coste de recarga, escasez de infraestructuras, peso y volumen de baterías, riesgos asociados (las baterías son potencialmente explosivas y altamente inflamables en caso de colisión) y costes de adquisición. Tampoco me parece una opción de futuro, ni especialmente ecológica, si las tecnologías asociadas no experimentan un cambio sustancial y creo que el futuro irá más bien encaminado hacia la pila de combustible (se reposta H, un gas abundante e inocuo, sin esperas, y se emite únicamente vapor de agua), cuando esa tecnología esté madura y sea económicamente viable. Cuando ese momento llegue, sin duda, me apuntaré.