Lo de la llamada hibridación ligera indudablemente no es la panacea, pero tampoco se puede considerar una simple argucia para cumplir, o más bien trampear, protocolos, como ocurrió con el ”dieselgate”, donde simplemente y por algunos fabricantes, en lugar de implementar nuevos sistemas y dispositivos físicos para la reducción de emisiones, se “trucaba” el software a conveniencia para mejorar resultados en condiciones de prueba. En este caso no sucede así, y tenemos nuevos elementos físicos y mecánicos auxiliares (motor eléctrico, generador, batería...) que permiten, básicamente, recuperar y acumular energía en las frenadas y apoyar al motor principal cuando lo demanda, lo que redunda su vez en reducciones de consumo y emisiones sin incrementos de peso sustanciales.
No es la panacea, porque las reducciones son relativamente modestas pero es un paso más, junto con lo que aportan otros dispositivos anticontaminación como los FAP y SCR, para mejorar la eficiencia de los nuevos vehículos y rejuvenecer el parque, mientras no estén suficientemente maduras, operativas y asequibles a la mayoría, otras alternativas libres de emisiones directas, que evidentemente es lo ideal, si se evitan las indirectas y se incrementan renovables, pero cuya materialización es incierta y, al día de hoy, parece aún lejana.