La verdad, una edición catastrófica, pero como siempre mucha culpa es de la organización y sobre todo de los espectadores. En un lugar como donde ocurrió el atropello, no debería ponerse nadie al fondo, pues un incidente igual o similar es totalmente previsible. La organización, ante la irracionalidad de la gente, debería suspender el tramo en caso de que las zonas peligrosas no queden libres antes de empezar la prueba, o si son nuevamente ocupadas durante el transcurso.
Soy gran aficionado a los rallyes, durante años seguí todo el campeonato gallego, algunos otros en España e incluso numerosas pruebas del mundial, jamás me situé en estos lugares, pues no hay que tener muchas neuronas operativas para ver lo que nos puede pasar, que por desgracia y según la socorrida ley de Murphy acaba pasando.