Anda que no he rajado yo contra el Sr. Navarro, Pere para los amigos, el ínclito Peretérico para los menos amigos...
Sí, seguro que la mayoría recordáis la anterior etapa de este caballero al frente de la DGT y esa obsesión casi enfermiza contra la velocidad. Aquellos tiempos en que corríamos felices como gacelillas, nos multaban un poco (o un mucho) y nos poníamos un Stinger. Y nos pillaban, nos quitaban un par de puntos y seguíamos corriendo en un apacible y bien llevado juego del ratón y el gato, amistoso y cordial... hasta que vino Pere, se obsesionó con que la velocidad mataba mucho, se puso muy serio, cada vez más serio, y dio instrucciones a sus chicos de verde para que dejaran de jugar.
Al amigo Pere le importaba un comino el estado de las carreteras. Y la formación de los conductores. Y el estado del parque móvil nacional. Todo daba igual, porque la velocidad mataba mucho, era el mismísimo Satán de la carretera, la causa única de mortalidad y había que perseguirlo.
Pasaron unos años, en los que todos dejamos de correr, se mejoraron las carreteras una o dos miajas, se renovó escandalosamente el parque móvil y aunque seguimos siendo un país de conductores torpes, zoquetes, mal formados, incívicos y básicamente incapaces (porque eso, amigo Pere, no ha cambiado un ápice), tachán, hete aquí que se ven reducidas las cifras de muertos al volante año tras año. Bien, nos alegramos, claro. Lo uno por lo otro. No es mérito exclusivo de Pere, pero las cifras cantan y puede sacar pecho.
Y en estas que se va. O lo echan. O se va para que no lo echen. Psé, a mí me da igual. Incomprensible, pero tanta paz lleves como dejas.
Y Pere da valor al “otros vendrán que bueno me harán”: una sucesión de auténticos incompetentes (ignoro género y filiación política, irrelevantes al caso) al frente de la cosa del tráfico, un poquito (o un muchito) dejados, un bastante lumbreras (quién no recuerda esos luminosos maravillosos en la autopista con consejazos “con niebla reduzca la velocidad”) y a lo que vamos, las cifras de muertos al volante comienzan a ascender de nuevo.
La velocidad no era, que ya no corremos. Las carreteras tampoco, que cada vez hay menos puntos negros. El parque móvil, bien, gracias, plagado de eficientísimos downsize con navegador. Oiga, entonces, qué coño nos está fallando? Me insinúa usted que varios directores generales de la cosa del tráfico han dilapidado el patrimonio heredado de mi buen amigo Pere? O es que el conductor medio, además de torpe e incompetente, nos ha salido tan malvado de añadir nuevos factores de mortalidad?
Pues aquí es donde reaparece mi amigo Pere, recién reimplantado en el cargo, el Pere pródigo y viene a decir algo así como “No puede ser que ahora que las cosas funcionan, nos matemos más que antes, que no funcionaban”. Y tiene razón.
Y le da unas vueltas al tarro y concluye que nos estamos matando más, porque vamos distraídos, más atentos al móvil y al wassap que a conducir. Y se puede leer entre líneas algo que no dice Pere, pero yo acudo raudo en su ayuda: ese hecho es otra demostración más de lo incompetentes y borregos que somos al volante en este santo país, que necesitamos que venga fulano a prohibirnos el móvil y el wasap en el coche para darnos cuenta de lo peligroso que es lo uno y lo otro.
El caso es que parece ser que las campañas futuras se van a centrar en eso... y bienvenidas sean. A ver si nos corrigen estos feos vicios, aunque sea a palos. Si ya puestos, nos inciden un poco en la formación, en la educación vial, y en enseñarnos DE VERDAD a conducir (no la tontería de las autoescuelas), pues ya puede ser como para poner a Navarro en un altar, aunque probablemente sean expectativas demasiado elevadas...
Y qué queréis que os diga: por una vez y sin que sirva de precedente, no puedo estar más de acuerdo con el señor Pere y quiero besarlo y amarlo y hacerlo mío. Él rectifica en sus afirmaciones, porque rectificar es de sabios. Y yo rectifico su calificación, porque rectificar también es de asnos.
Riau.
Sí, seguro que la mayoría recordáis la anterior etapa de este caballero al frente de la DGT y esa obsesión casi enfermiza contra la velocidad. Aquellos tiempos en que corríamos felices como gacelillas, nos multaban un poco (o un mucho) y nos poníamos un Stinger. Y nos pillaban, nos quitaban un par de puntos y seguíamos corriendo en un apacible y bien llevado juego del ratón y el gato, amistoso y cordial... hasta que vino Pere, se obsesionó con que la velocidad mataba mucho, se puso muy serio, cada vez más serio, y dio instrucciones a sus chicos de verde para que dejaran de jugar.
Al amigo Pere le importaba un comino el estado de las carreteras. Y la formación de los conductores. Y el estado del parque móvil nacional. Todo daba igual, porque la velocidad mataba mucho, era el mismísimo Satán de la carretera, la causa única de mortalidad y había que perseguirlo.
Pasaron unos años, en los que todos dejamos de correr, se mejoraron las carreteras una o dos miajas, se renovó escandalosamente el parque móvil y aunque seguimos siendo un país de conductores torpes, zoquetes, mal formados, incívicos y básicamente incapaces (porque eso, amigo Pere, no ha cambiado un ápice), tachán, hete aquí que se ven reducidas las cifras de muertos al volante año tras año. Bien, nos alegramos, claro. Lo uno por lo otro. No es mérito exclusivo de Pere, pero las cifras cantan y puede sacar pecho.
Y en estas que se va. O lo echan. O se va para que no lo echen. Psé, a mí me da igual. Incomprensible, pero tanta paz lleves como dejas.
Y Pere da valor al “otros vendrán que bueno me harán”: una sucesión de auténticos incompetentes (ignoro género y filiación política, irrelevantes al caso) al frente de la cosa del tráfico, un poquito (o un muchito) dejados, un bastante lumbreras (quién no recuerda esos luminosos maravillosos en la autopista con consejazos “con niebla reduzca la velocidad”) y a lo que vamos, las cifras de muertos al volante comienzan a ascender de nuevo.
La velocidad no era, que ya no corremos. Las carreteras tampoco, que cada vez hay menos puntos negros. El parque móvil, bien, gracias, plagado de eficientísimos downsize con navegador. Oiga, entonces, qué coño nos está fallando? Me insinúa usted que varios directores generales de la cosa del tráfico han dilapidado el patrimonio heredado de mi buen amigo Pere? O es que el conductor medio, además de torpe e incompetente, nos ha salido tan malvado de añadir nuevos factores de mortalidad?
Pues aquí es donde reaparece mi amigo Pere, recién reimplantado en el cargo, el Pere pródigo y viene a decir algo así como “No puede ser que ahora que las cosas funcionan, nos matemos más que antes, que no funcionaban”. Y tiene razón.
Y le da unas vueltas al tarro y concluye que nos estamos matando más, porque vamos distraídos, más atentos al móvil y al wassap que a conducir. Y se puede leer entre líneas algo que no dice Pere, pero yo acudo raudo en su ayuda: ese hecho es otra demostración más de lo incompetentes y borregos que somos al volante en este santo país, que necesitamos que venga fulano a prohibirnos el móvil y el wasap en el coche para darnos cuenta de lo peligroso que es lo uno y lo otro.
El caso es que parece ser que las campañas futuras se van a centrar en eso... y bienvenidas sean. A ver si nos corrigen estos feos vicios, aunque sea a palos. Si ya puestos, nos inciden un poco en la formación, en la educación vial, y en enseñarnos DE VERDAD a conducir (no la tontería de las autoescuelas), pues ya puede ser como para poner a Navarro en un altar, aunque probablemente sean expectativas demasiado elevadas...
Y qué queréis que os diga: por una vez y sin que sirva de precedente, no puedo estar más de acuerdo con el señor Pere y quiero besarlo y amarlo y hacerlo mío. Él rectifica en sus afirmaciones, porque rectificar es de sabios. Y yo rectifico su calificación, porque rectificar también es de asnos.
Riau.