“Me he comprao un X, que se agarra en curvas que-te-cagas, no ves que pesa mucho?”
“Andivás con tantos caballos, si eso no pesa ná”
“¿Esto? Esto no se mueve en curvas, pesa tres quintales”
Cuántas veces hemos escuchado estas doctas sentencias al ufano Manolo en la barra del bar, al cuñao “que entiende désto” en una comida familiar, o a ese vecino pacato y algo envidiosillo que jamás pasó de 90 en las excursiones dominicales al pueblo…
El peso, ese gran enemigo de la conducción… y que sin embargo comúnmente se asocia con elemento de seguridad y característica que hace a nuestro coche más aplomado, más… estable.
El peso únicamente aporta aplomo en línea recta… y poco más. No debemos confundir la sensación de estabilidad que da un coche pesado en recta, o en curva suave y/o despacio con que exista estabilidad real.
Pesa poco? Prueba a apoyarlo bien en curva y meter gas… ya verás cómo eso no se mueve y pasa como un cohete.
Pesa mucho? Verás qué risa te da para vencer las inercias y meterlo en la curva yendo medianamente rapidillo. Y cómo los neumáticos y las suspensiones no son capaces de sujetar toda esa masa a la misma velocidad que el “ataúd con ruedas que no pesa ná”.
Pero la diferencia verdaderamente significativa viene cuando las cosas se ponen feas sin el traje de Poncio el Piloto, en esos imprevistos en los que conducimos orondos y confiados en la superior estabilidad de nuestro burranco tonelítico.
No hace mucho, pudimos comprobar las tremendas diferencias de hacer los mismos ejercicios con un coche A y un coche B media tonelada más pesado (y ojo, que el coche B era muuuuucho mejor que el A).
En el momento en que el coche comienza a pirarse porque los neumáticos no son capaces de sujetarlo más, te encuentras con que el coche ligero se puede recuperar con relativa facilidad y obedece mejor. Pero, ah queridos amigüitos, en el coche pesado la media tonelada extra cobra vida, comienza a pensar por sí misma, y dice que la maniobra válida para el ligero, no sirve para el pesado. Que como empieces a patinar, las posibilidades de acabar en trompo antes de que te enteres de lo que te está pasando, son infinitamente mayores, que eso no hay quien lo controle, y que las inercias son malas compañeras. Obliga a ir mucho más fino, más concentrado, a tener más manos y más suerte. Cuando el gordo se pira… reza.
Hay que esquivar un alce, o una oveja, o un paisano que cruza cuando no debe? Hay que dar volantazo a un lado y contravolantazo para el otro? Con el ligero lo harás sin mucho contratiempo. Con el gordo, tu lucecita del ángel de la guarda (ESP, o “chino”, para los amigos) se encenderá aún antes de que lo pienses… llegando a ser insuficiente según casos. Y sin chino, olvídate: con el ligero pasarás y con el gordo te comerás la oveja, o terminarás en la cuneta, o ambas cosas.
Si te ha parecido que esto merece la pena, ayúdanos a erradicar las leyendas urbanas, y extiende la verdad sobre el peso. Y envía SMS con las palabras “Politono peso” al 6969.
Pd: Jota, se agradecerían experiencias camioneriles con tijeretas y esas cosas. A ver quién es el guapo que domina un camión derrapando.
“Andivás con tantos caballos, si eso no pesa ná”
“¿Esto? Esto no se mueve en curvas, pesa tres quintales”
Cuántas veces hemos escuchado estas doctas sentencias al ufano Manolo en la barra del bar, al cuñao “que entiende désto” en una comida familiar, o a ese vecino pacato y algo envidiosillo que jamás pasó de 90 en las excursiones dominicales al pueblo…
El peso, ese gran enemigo de la conducción… y que sin embargo comúnmente se asocia con elemento de seguridad y característica que hace a nuestro coche más aplomado, más… estable.
El peso únicamente aporta aplomo en línea recta… y poco más. No debemos confundir la sensación de estabilidad que da un coche pesado en recta, o en curva suave y/o despacio con que exista estabilidad real.
Pesa poco? Prueba a apoyarlo bien en curva y meter gas… ya verás cómo eso no se mueve y pasa como un cohete.
Pesa mucho? Verás qué risa te da para vencer las inercias y meterlo en la curva yendo medianamente rapidillo. Y cómo los neumáticos y las suspensiones no son capaces de sujetar toda esa masa a la misma velocidad que el “ataúd con ruedas que no pesa ná”.
Pero la diferencia verdaderamente significativa viene cuando las cosas se ponen feas sin el traje de Poncio el Piloto, en esos imprevistos en los que conducimos orondos y confiados en la superior estabilidad de nuestro burranco tonelítico.
No hace mucho, pudimos comprobar las tremendas diferencias de hacer los mismos ejercicios con un coche A y un coche B media tonelada más pesado (y ojo, que el coche B era muuuuucho mejor que el A).
En el momento en que el coche comienza a pirarse porque los neumáticos no son capaces de sujetarlo más, te encuentras con que el coche ligero se puede recuperar con relativa facilidad y obedece mejor. Pero, ah queridos amigüitos, en el coche pesado la media tonelada extra cobra vida, comienza a pensar por sí misma, y dice que la maniobra válida para el ligero, no sirve para el pesado. Que como empieces a patinar, las posibilidades de acabar en trompo antes de que te enteres de lo que te está pasando, son infinitamente mayores, que eso no hay quien lo controle, y que las inercias son malas compañeras. Obliga a ir mucho más fino, más concentrado, a tener más manos y más suerte. Cuando el gordo se pira… reza.
Hay que esquivar un alce, o una oveja, o un paisano que cruza cuando no debe? Hay que dar volantazo a un lado y contravolantazo para el otro? Con el ligero lo harás sin mucho contratiempo. Con el gordo, tu lucecita del ángel de la guarda (ESP, o “chino”, para los amigos) se encenderá aún antes de que lo pienses… llegando a ser insuficiente según casos. Y sin chino, olvídate: con el ligero pasarás y con el gordo te comerás la oveja, o terminarás en la cuneta, o ambas cosas.
Si te ha parecido que esto merece la pena, ayúdanos a erradicar las leyendas urbanas, y extiende la verdad sobre el peso. Y envía SMS con las palabras “Politono peso” al 6969.
Pd: Jota, se agradecerían experiencias camioneriles con tijeretas y esas cosas. A ver quién es el guapo que domina un camión derrapando.