Esta misma mañana leía un artículo de Paul Horrell (reputadísimo periodista del motor, y cerebro bastante preclaro) que arremetía contra estos sistemas de ayuda a la conducción.
Supongo que no será muy políticamente correcto, pero yo estoy completamente de acuerdo con él: estos sistemas funcionan mucho peor que un conductor atento, no tienen nuestra capacidad de evaluar la situación ni de regular la actuación.
Y además, generan una confianza en el sistema, que es contraria a la atención que debemos poner en la conducción.
Pero amigo, están de moda y por sí solos son capaces de vender coches... que es lo que cuenta.
Yo me parto de risa cada vez que fallan... cosa muy frecuente ;D
Esta misma mañana leía un artículo de Paul Horrell (reputadísimo periodista del motor, y cerebro bastante preclaro) que arremetía contra estos sistemas de ayuda a la conducción.
Supongo que no será muy políticamente correcto, pero yo estoy completamente de acuerdo con él: estos sistemas funcionan mucho peor que un conductor atento, no tienen nuestra capacidad de evaluar la situación ni de regular la actuación.
Y además, generan una confianza en el sistema, que es contraria a la atención que debemos poner en la conducción.
Pero amigo, están de moda y por sí solos son capaces de vender coches... que es lo que cuenta.
Yo me parto de risa cada vez que fallan... cosa muy frecuente ;D
Menos mal que no hicieron la prueba esa del anuncio en el que frena el solito cuando la hermosa dama decide, repentinamente y sin mirar, cruzar la calle.