1º. El elevado consumo con el cambio geartronic.
Aunque tenemos un D5 manual, al que hacemos actualmente una media de 7,3 l/100 km, las cifras de la versión automática no son exageradas, más o menos un litro por encima.
2º. La poca fuerza en la salida con este cambio automático, y el hecho de que no retenga en las bajadas.
Quizás el punto fuerte de este cambio está en su pasillo derecho...

. Si no lo tiene, es decir si no es un Geartronic, prepárate para el aburrimiento.
3º. El poco radio de giro, dificultando los aparcamientos (y soy bastante torpe, esto me preocupa bastante).
Cierto, es lamentable, lo habitual es que los menos delicados se carguen algún que otro neumático.
4º. Poca visibilidad trasera.
Con los reposacabezas traseros abatibles, opción que casi todo el mundo desconsidera, el problema queda casi subsanado.
5º. Dificultad de venderlos en el mercado de segunda mano en caso de desengañarme cuando lo tenga, y la devaluación tan fuerte que experimentan estos coches.
Cuando compramos un Volvo lo hacemos por tiempo indefinido y hasta que el desgaste del conjunto sea poco sostenible (más de 400.000 km). Por lo tanto, el valor de reventa, sencillamente, nos importa un bledo.
Saludos