El primer automático que probé, y utilicé durante una quincena que duró mi estancia, fue en las américas. Coche grande y pesado, con tres marchas, lento y pródigo en resbalamientos. Cómodo para los tediosos y lentos trayectos urbanos e interurbanos por autopista e insufrible en carreteras mínimamente viradas y empinadas (las empinadísimas en primera...) tanto en ascensos como descensos. Por supuesto, ineficiente y gastón.
Tras esa experiencia no me quedaron ganas de repetir, hasta que tuve ocasión de ir comprobando, con versiones más actuales, lo mucho que estos cambios iban evolucionando, hasta el punto de que en la actualidad, estoy convencido de que los cambios manuales se quedarán como una alternativa minoritaria y residual, por no hablar de los eléctricos, que ni siquiera tienen cambio, aunque esa ya será otra historia (de la automoción).
Eso no quita que la conducción con cambio manual me siga gustando, que me gusta y la sigo practicando, ya que el otro coche de casa es manual.