Si, cuando yo era un joven imberbe (hace unos días o puede que un poco más) y nos colábamos en el metro a la salida del instituto ese era el grito de guerra.
Lo malo es que a veces, apercibidos los taquilleros del metro del procedimiento en cuanto nos visualizaban en lontananza ya se preparaban para trincar al último (que era el que corría mas lento casi siempre el mas escuchimizado y menos atlético de la pandilla) y en efecto hacerle pagar toda la cuenta o en su defecto largarle un par de yoyas y amenazarle con quitarle la mochila y los libros hasta que alguien se hiciera cargo del desaguisado.
La verdad, puede que haya pasado un poco de tiempo pero las cosas no han cambiado mucho. Puede que Vds amados lectores y lectoras (Aido dixit) piensen que me he vuelto majara del todo, que como curro en un sector castigado como el del ladrillo me he debido sacudir con uno a la salida de alguna obra.
Pues no, me refiero metafóricamente a que la vida sigue igual, me explico:
En un momento dado nos creimos con derecho a todo, como cuando nos colábamos en el metro solo que igual. A la carrera nos colamos en Europa, a la estampida nos subimos al carro del euro y a la marabunta nos acostumbramos a vivir como marajás, a tener un Audri o un Pmv o un Mierceces (o los mas humildillos un Polvo), un pisazo con un dormitorio para cada uno, garaje, trastero y piscina (y los menos humildillos pista padel) y de paso nos acostumbramos a no trabajar, al dinero fácil, al préstamo al instante, a pedir y que nos fuera concedido.
Ahora se acabó la fiesta ¿quien va a pagar la cuenta? pues el último, esta claro como el agua. Cristalino.
Eso si, ya nos han puesto controles en la entrada, se nos ha colgado el cartel de delincuentes potenciales y no se fía de nosotros ni el tato.
Pasará mucho pero mucho tiempo para que volvamos a colarnos. A las malas ya no podremos, tendremos que pagar el billete, esto es, empezar a entender nosotros y hacer entender a nuestros hijos que las cosas no se regalan, que todo se gana con trabajo, con esfuerzo y en mayor o menor medida con sufrimiento. Es así. Pero de momento la cuenta, como ayer hoy y siempre la va a pagar el último, los últimos, los que no pueden salir corriendo por que no pueden.
Los que pueden correr han salido despavoridos y creo que ya han llegado a Liechtenstein o alrededores con sus SICAVS y sus "vehículos de inversión" que no, no son coches para llevar el dinero sino modos de hacer trampas horribles pero legales que solo quedan al alcance de los mas pudientes.
Los demás, los últimos nos quedaremos aquí y aguantaremos como los 300 en las Termópilas, sabiendo que nos van dar leña por los cuatro costados pero con valentía y "saboir faire".
Pero que leches, para eso estamos. Si es que parece que hasta nos gusta, se ve venir y volvemos a elegir a los mismos indocumentados otra vez. Eso es memocracia pura y dura, solo cambias una letra y todo cuadra.
Me voy a entrenar un poco a ver si consigo no ser el último. Bueno, me voy a machacar mucho que he visto por aquí una abuela con el chandal y ella y el cartero me parecen en muy buena forma, para que luego digan de los jubilados y los funcionarios, yo como buen empresario sigo atocinado y no tengo claro quien va a ser el último, la abuela corre que se las pela y el cartero va siempre a todos sitios a toda leche, verás como al final me toca pagar a mi los platos rotos.
Lo malo es que a veces, apercibidos los taquilleros del metro del procedimiento en cuanto nos visualizaban en lontananza ya se preparaban para trincar al último (que era el que corría mas lento casi siempre el mas escuchimizado y menos atlético de la pandilla) y en efecto hacerle pagar toda la cuenta o en su defecto largarle un par de yoyas y amenazarle con quitarle la mochila y los libros hasta que alguien se hiciera cargo del desaguisado.
La verdad, puede que haya pasado un poco de tiempo pero las cosas no han cambiado mucho. Puede que Vds amados lectores y lectoras (Aido dixit) piensen que me he vuelto majara del todo, que como curro en un sector castigado como el del ladrillo me he debido sacudir con uno a la salida de alguna obra.
Pues no, me refiero metafóricamente a que la vida sigue igual, me explico:
En un momento dado nos creimos con derecho a todo, como cuando nos colábamos en el metro solo que igual. A la carrera nos colamos en Europa, a la estampida nos subimos al carro del euro y a la marabunta nos acostumbramos a vivir como marajás, a tener un Audri o un Pmv o un Mierceces (o los mas humildillos un Polvo), un pisazo con un dormitorio para cada uno, garaje, trastero y piscina (y los menos humildillos pista padel) y de paso nos acostumbramos a no trabajar, al dinero fácil, al préstamo al instante, a pedir y que nos fuera concedido.
Ahora se acabó la fiesta ¿quien va a pagar la cuenta? pues el último, esta claro como el agua. Cristalino.
Eso si, ya nos han puesto controles en la entrada, se nos ha colgado el cartel de delincuentes potenciales y no se fía de nosotros ni el tato.
Pasará mucho pero mucho tiempo para que volvamos a colarnos. A las malas ya no podremos, tendremos que pagar el billete, esto es, empezar a entender nosotros y hacer entender a nuestros hijos que las cosas no se regalan, que todo se gana con trabajo, con esfuerzo y en mayor o menor medida con sufrimiento. Es así. Pero de momento la cuenta, como ayer hoy y siempre la va a pagar el último, los últimos, los que no pueden salir corriendo por que no pueden.
Los que pueden correr han salido despavoridos y creo que ya han llegado a Liechtenstein o alrededores con sus SICAVS y sus "vehículos de inversión" que no, no son coches para llevar el dinero sino modos de hacer trampas horribles pero legales que solo quedan al alcance de los mas pudientes.
Los demás, los últimos nos quedaremos aquí y aguantaremos como los 300 en las Termópilas, sabiendo que nos van dar leña por los cuatro costados pero con valentía y "saboir faire".
Pero que leches, para eso estamos. Si es que parece que hasta nos gusta, se ve venir y volvemos a elegir a los mismos indocumentados otra vez. Eso es memocracia pura y dura, solo cambias una letra y todo cuadra.
Me voy a entrenar un poco a ver si consigo no ser el último. Bueno, me voy a machacar mucho que he visto por aquí una abuela con el chandal y ella y el cartero me parecen en muy buena forma, para que luego digan de los jubilados y los funcionarios, yo como buen empresario sigo atocinado y no tengo claro quien va a ser el último, la abuela corre que se las pela y el cartero va siempre a todos sitios a toda leche, verás como al final me toca pagar a mi los platos rotos.